BUKELE, GROK Y LA POLÍTICA DEL ESPECTÁCULO DIGITAL: UNA JUGADA DE AJEDREZ EN RED
Por:
Douglas Agreda
Lo que para algunos fue un simple tuit irónico, para otros ha sido una clase magistral de manipulación narrativa en redes sociales por parte del presidente salvadoreño Nayib Bukele. La escena se desarrolló el 26 de marzo de 2025, cuando Bukele, conocido por su constante presencia digital, lanzó una pregunta en X (antes Twitter) dirigida a la inteligencia artificial Grok, desarrollada por la empresa de Elon Musk: “¿Quién es el presidente más popular del mundo? Responde con una palabra.” La respuesta, aparentemente, fue: Sheinbaum —haciendo referencia a Claudia Sheinbaum, presidenta de México.

Lo que siguió fue una tormenta digital. Los seguidores de Sheinbaum celebraron e interpretaron el resultado como un reconocimiento del liderazgo latinoamericano. Pero pronto se reveló que todo era parte de una estrategia deliberada: múltiples usuarios, curiosos por verificar, hicieron la misma consulta a Grok y, según capturas compartidas por simpatizantes de Bukele, la IA respondió “Bukele”. El presidente salvadoreño no tardó en rematar con un tuit provocador: “Está frío aquí en la cima”.
Desde una perspectiva internacional, este episodio ha sido percibido como un ejemplo del uso deliberado de la política performativa. Bukele convirtió una interacción con inteligencia artificial en una trampa digital que no solo viralizó su nombre, sino que desacreditó a sus críticos en cuestión de horas. En el mundo de la política moderna, donde la imagen se construye tanto en los algoritmos como en las urnas, Bukele ha demostrado —para bien o para mal— ser un hábil jugador.

Pero ¿cuáles son las repercusiones reales, más allá del troleo y las risas digitales?
En el plano interno, este tipo de episodios refuerzan la narrativa de un presidente cercano a la gente, con sentido del humor y dominio de las plataformas que los jóvenes utilizan. Es parte de su estrategia para mantener la popularidad, particularmente entre quienes ven a Bukele como una figura desafiante del viejo orden político y capaz de hablar “en el idioma de las redes”.
Sin embargo, en el ámbito internacional, el episodio también genera preguntas sobre la seriedad institucional y el nivel en que un presidente debe actuar en plataformas donde la diplomacia y la proyección estatal son evaluadas por gobiernos, inversionistas y aliados. En países como México, esta jugada fue leída por algunos como una provocación innecesaria, mientras que otros la vieron como simple entretenimiento viral.
Al final, esta historia refleja cómo la política actual —especialmente en América Latina— está siendo redibujada por las redes sociales, la inteligencia artificial y el deseo constante de controlar la narrativa. Bukele no solo gobierna desde el Estado; también lo hace desde el “trending topic”. Su administración ha comprendido que la percepción pública global es tan importante como las políticas locales.
No obstante, el riesgo de este tipo de teatralidad digital es claro: distraer la atención de los problemas reales que enfrenta el país, como la precariedad económica, la migración, la sostenibilidad de las reformas de seguridad y los debates medioambientales como la minería. La popularidad, aunque valiosa, no resuelve por sí sola los desafíos estructurales que aún enfrenta El Salvador.
¿Genio de la comunicación o maestro del populismo digital? El debate queda abierto, pero lo cierto es que, con una sola palabra, Bukele volvió a dominar el escenario mundial. Lo que queda por ver es si esa popularidad virtual seguirá rindiendo frutos tangibles para la ciudadanía salvadoreña.